RISAS Y LÁGRIMAS



 

 

  Redacción.- Todos seguro que nos preguntamos: ¿a dónde va encaminado el país, con sus actuales “clases políticas”? En cuanto a la política exterior, sólo provocamos risa. ¿Quien trajo a los del vuelo al Chad? ¿ZP? ¿Y a quien queríamos impresionar con la visita de los reyes a Ceuta y Melilla? ¡Si todo el mundo –menos el sultán de Marruecos y Moratinos- sabe que son españolas! Una visita muy bonita, muy patriótica, pero donde se tendrían que hacer exhibiciones de influencia es en relación con Gibraltar. Hay que reconocer que si al gobierno de Chad no le hacemos ni cosquillas, ¿qué pasaría con el de Londres? Recordemos las bajadas de pantalones en el asunto de los submarinos nucleares ingleses en las costas españolas. Está claro que con la actual clase política, da igual que sea socialista o pepera, el Peñón seguirá sin ser reintegrado a España. Queda lo de la cumbre de Chile: hasta el caudillo de la “izquierda bolivariana” puede presumir, con razón, ante nuestro jefe de Estado, de haber sido elegido por su pueblo.

En política interna, el colmo es lo del 11-M. Después de más de tres años de investigaciones, con centenares de detenciones, no se sabe quienes fueron los instigadores de la masacre. Y en cuanto a la mano de obra, resulta que deben haber sido los de Leganés, “porque se suicidaron” y quedan al final de todo tres condenados vivos: un minero esquizofrénico y dos marroquís que no son musulmanes.

  Hay quien dice que todo esto no son “problemas reales que afecten a la gente”. Hablemos de los “problemas reales”.  Nuestro crecimiento de los últimos años, sustentado en el ladrillo, los bajos ingresos, las altas cotas de endeudamiento familiar y la presión de la inmigración, camina hacia el desagüe. ¿Y qué nos deja? Hay acuerdo prácticamente unánime en que la sociedad española es mucho más injusta y desigual que una decena de años atrás. 

Estancamiento de los salarios desde hace cuatro años, empleo precario, masa de parados que vuelve a superar los dos millones, inaccesibilidad de la vivienda, pensiones ridículas, salario mínimo insuficiente (la mitad por ejemplo que en Francia), el 58 por ciento de los asalariados (es decir, casi 11 millones de personas) percibiendo en el 2006 un salario bruto mensual inferior a 1.100 euros y uno de cada cinco asalariados ganando menos de 1.000 euros brutos al mes, participación decreciente de los salarios en el ingreso nacional, más de un cincuenta por ciento de las familias pasando apuros para llegar a fin de mes, cerca de ocho millones de personas en la pobreza absoluta o relativa. Esto son sólo algunos de los aspectos de la cara oculta del “milagro” que ahora se desvanece. Sus frutos han sido acaparados por un reducido porcentaje de la población donde están las remuneraciones millonarias, los blindajes astronómicos, las stock options, la corrupción urbanística, el tráfico de influencias, los artilugios para evadir los impuestos.

Los portavoces políticos del sistema que convierte a nuestra patria en motivo de irrisión y enriquece a un pequeño grupo de privilegiados van a pedir nuestro voto. Unos de proclaman de derechas, otros de izquierdas. ¿Cuándo advertiremos que derecha e izquierda son la misma….?  

Noviembre de 2007