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El
27 de junio el parlamento de Vitoria aprobó la convocatoria de un
referendo en Vascongadas, para el próximo 25 de octubre. Todo ello de
acuerdo con el “renovado” Plan Ibarreche y después de que el anterior
fuese rechazado por las Cortes en febrero de 2005. Ibarreche pretende
ahora que los vascos se pronuncien sobre un pacto político en el que
todos los partido, sin ningún tipo de exclusión, inicien una negociación
para alcanzar un acuerdo sobre el “derecho de autodeterminación de
Euzkadi”, acuerdo que sería sometido a un nuevo referéndum antes de
que finalice el año 2010.
Para conseguir el apoyo del parlamento de
Vitoria, donde el tripartito vasco no tiene mayoría, el lehendakari -que
fue elegido con el voto de los diputados del Partido Comunista de las
Tierras Vascas (PCTV), se ha desvivido para obtener el apoyo del brazo político
de la banda. Y, como en otras ocasiones, los pro-etarras han prestado lo
justo, un voto adicional, que ha permitido a Ibarreche sacar adelante por
los pelos su propuesta. Con ello evitan ser acusados por el mundo
abertzale de torpedear un esfuerzo, por limitado que sea, hacia la
autodeterminación y esperan capitalizar las contradicciones que estallen
en el seno del PNV ante el previsible “no” de Madrid.
En suma, Ibarreche no sólo ha
planteado un referendo contra la soberanía del pueblo español, sino que
cuenta con las pistolas de ETA apuntando a la nuca de quienes no estén de
acuerdo con él, lo que suma una cuota extra de cobardía e indignidad a
su inextinguible odio a España. Éste es el “nacionalismo moderado”
al que el PP de Rajoy quiere caer simpático.
El gobierno de Zapatero, por su parte, ha
decidido recurrir el acuerdo del parlamento vasco ante el Tribunal
Constitucional. Después, en cuestión de días, el Constitucional admitirá
la impugnación a trámite, con lo que se producirá la suspensión automática
del acuerdo, que se prolongará a lo largo de cinco meses, haciéndose
imposible el referendo del próximo 25 de octubre. Tal como pretende
Ibarreche. Y tal como ha manifestado el presidente del PNV, Iñigo Urkullu,
quien ha sostenido reiteradamente que su partido jamás se opondrá a la
legalidad y que si el Gobierno anula el acuerdo del Parlamento Vasco, no
tendrá más remedio que aceptar la legalidad vigente.
Llegados a este punto, el paso siguiente de
Ibarreche será la disolución del parlamento vasco y la convocatoria de
elecciones en las que de nuevo esgrimirá como demanda central el
“derecho de autodeterminación de Euzkadi”. Asistimos, por tanto, a
una siniestra farsa con todos los visos de haber sido pactada con
Zapatero. Ibarreche sabe perfectamente que no habrá referendo en octubre
próximo. Pero su planteamiento, lejos de ser un “órdago
secesionista”, se reduce a una martingala electoralista apoyada en la
explotación del victimismo. Le permite galvanizar al conjunto del
nacionalismo vasco, incluidos sus sectores radicalizados, y alzarlo contra
el gobierno de España, que “prohíbe las consultas democráticas”.
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En cuanto al PSOE, una de cal y otra de
arena. Por un lado, anuncia su disposición a impedir el referendo por la
vía judicial (después de haber despenalizado la convocatoria de
referendos ilegales, con lo que las bravuconadas de Ibarreche le saldrán
gratis). Por otro, Pachi López enarbola un plan alternativo de
“construcción de la nación vasca”, con su correspondiente referendo
pero, eso sí, pasando por las Cortes. Pocas dudas puede haber de que la
pretensión del PSOE no es oponerse al nacionalismo antiespañol en
Vascongadas, como no se han opuesto en Cataluña, sino asumir su dirección...
Ahora, poniéndose la medalla de haber parado a Ibarreche.
Ibarreche y Pachi López compiten
en pos de lo mismo. Gobernar un cortijo étnico-lingüístico vasco que
se beneficie de todas las ventajas de la independencia sin soportar
ninguna de sus servidumbres. El camino es un nuevo estatuto de autonomía
que haga suyos todos los logros del estatuto catalán, una vez éste
haya sido bendecido por el Tribunal Constitucional. Del estatut
tomará el País Vasco el reconocimiento como nación y las relaciones
de bilateralidad con el “Estado”, la consagración de la asimetría
en el modelo autonómico, una justicia propia en la práctica, a más de
múltiples herramientas para el aplastamiento y limpieza étnica de
quienes se manifiesten como españoles en el seno de la arcadia
euskalduna. Súmese a ello la potenciación del concierto económico del
que ya goza. El resultado es un casi Estado, siendo el "casi"
el pasaporte que garantiza a “Euzkadi” su presencia en la Unión
Europea y en el euro, y lo que le permite mangonear en los asuntos de la
detestada España en tanto que nadie allende las fronteras
"nacionales" podrá meter las narices en sus podredumbre
caciquil.
Esta situación es irreversible en el marco
del vigente régimen. Ninguna reforma parcial del mismo puede contener
su dinámica, pues el régimen incluye en sus consensos fundacionales,
el pacto entre la Corona y el nacionalismo catalán y vasco. Ese régimen
no sólo aloja como componentes legítimas a esas corrientes adversarias
de toda idea de España, sino que las privilegia en el seno de una
evolución confederal. La propia ETA, que podría haber sido borrada de
la faz de la tierra desde hace décadas, ha servido como eficaz
instrumento para acelerar esa evolución.
Mientras esta situación dure, tendremos que
soportar farsas siniestras como las de Ibarreche y Pachi López,
mientras que España se va reduciendo a escombros.
¡Abajo la monarquía y el Estado de las
Autonomías! ¡República española única e indivisible, sin
“nacionalidades”, “naciones”, “realidades nacionales” ni
“Estados asociados” en su seno! ¡Fuera de la ley todos los partidos
que, con pretextos lingüísticos y raciales quieren que volvamos a la
Edad Media!
Secretaría
General del Partido Nacional Republicano
Julio
de 2008
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