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Relatan
los cuenta-cuentos de la “transición democrática” que uno de los
retos que ésta debió afrontar fue el separatismo en Cataluña y el País
Vasco. Dejemos de lado que, en aquellos momentos,
tal problema era irrelevante; sólo después adquirió envergadura.
Lo cierto es que el incipiente régimen buscó una solución. Ésta tenía
que satisfacer “los grandes deseos de autonomía” de esas regiones,
pero sin que al hacerlo se alimentara el encono del resto de españoles.
La solución, conocida como "café para todos", fue mucho más
lejos que la adoptada por la Constitución de la II República. Alumbró
un Estado que concedía un estatuto de autonomía no sólo a las zonas
donde existían grupos que la reclamaban, sino también a todos las demás.
Pero para que las parroquias de vascos y catalanes antiespañoles pudieran
sentirse especiales, se introdujo la distinción entre
“nacionalidades” y “regiones” invocando pretéritos estatutos de
autonomía de antes de la Guerra Civil. Posteriormente, este atributo de
“nacionalidades” se extendió a Galicia, por los mismos motivos y
razones de lengua vernácula, y a Andalucía, quizá por ser la región más
extensa y poblada de todas. Y al País Vasco, donde lo de
“nacionalidad” podía parecer poco, se le reconoció además la
subsistencia de medievales privilegios fiscales, tal y como se hizo también
con Navarra.
La promoción del Estado de las Autonomías se ha
aderezado con la propagación machacona de un mito: el que asegura que ese
Estado ha sido beneficioso para España porque ha propiciado un
considerable desarrollo económico y político, gracias a la prodigiosa
descentralización y “proximidad a
los ciudadanos” que ha supuesto. Sin embargo,
las presiones, cada vez más vampíricas,
a que los nacionalistas catalanes y vascos someten al Gobierno de turno,
con el fin de acaparar prebendas para sus
clientelas, sumada a la sañuda persecución de todo lo español en esos
territorios, provocan que el mito del Estado de las autonomías vaya
perdiendo adoradores.
El Partido Nacional Republicano estima que el
Estado de las Autonomías ha sido incubadora del separatismo en unos
sitios y de la insolidaridad, ineficacia, despilfarro, corrupción y
tentativas de asfixia de la vida municipal en todas partes. Además, al
asignar a todas las comunidades autónomas que lo demanden competencias
omnímodas, ha investido de inmensos poderes a los aparatos regionales de
los dos partidos llamados “nacionales”, el PSOE y el PP, con lo que la
dinámica de fuerzas centrífugas se ha amplificado. Esos grandes partidos
del régimen, con el fin de lograr para sus huestes los privilegios que
otros han conseguido con la amenaza del separatismo, se esfuerzan de modo
incesante en acrecentar el poder que el sistema de las autonomías ha
puesto en sus manos, a expensas del “Estado”. Por si esto fuera
poco, viene la Sra. Rosa Díez y propone una reforma electoral que, según
cree, podría mermar la capacidad de chantaje de los nacionalistas periféricos
pero que, al postular que las provincias sean sustituidas como
circunscripciones electorales por las comunidades autónomas, reforzaría
el papel institucional de estas últimas.
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Ha llegado el momento de reconocer que nuestros
problemas ya no brotan sólo de Barcelona o Vitoria. El cáncer se ha
extendido a todas partes. El PP y el PSOE compiten en Galicia para
ver quien erradica más a fondo la lengua común de España. En
Andalucía se exige el pago de quiméricas deudas históricas con el que
seguir nutriendo la corrupción autonómica y el voto subsidiado. En Aragón
y en todo el Levante, los electores votan según qué partido es más solícito
a la hora de atender sus exigencias hidrológicas. En Madrid, crecen las
quejas por la falta de reinversión de los muchos impuestos que allí se
recaudan
Cuanto antes reconozcamos el problema y
formulemos alternativas claras para su solución, mejor. El Partido
Nacional Republicano afirma en el punto 4. de su Programa: “Ordenación territorial en régimen de
descentralización administrativa, basada en las Provincias y los
Municipios, con sus diversas formas de asociación: mancomunidades, áreas
metropolitanas y comarcas. Derogación
del sistema de las autonomías, tanto en su
versión originaria, como en su actual deriva confederal. Abolición de toda forma de régimen foral,
conciertos y demás modalidades de privilegio territorial”.
Cataluña, Vascongadas y Galicia son componentes
de dos mil años de patria española, de quinientos años de unificación
estatal de la misma y de doscientos años de intentos dirigidos a su
construcción nacional moderna. La Cataluña y el País Vasco de la
actualidad se han erigido con el soporte del Estado español y gracias
al esfuerzo de millones de trabajadores andaluces, extremeños,
murcianos, castellanos... Por ello, nos opondremos frontalmente a todo
intento de autodeterminación de esos territorios. En cambio, no somos contrarios a la
autodeterminación de las personas singulares. No es nuestra intención
obligar a nadie a ser ciudadano español.
El PNR es, en primer lugar, un partido
nacionalista español. Además, es un
partido republicano y socialista porque cree que esto es lo mejor para
España. Las cuestiones de la república o del sistema socioeconómico
son asuntos cuyo debate sólo tiene sentido entre
compatriotas, entre nacionales. De aquí que estime necesario
preguntar previamente en todos los sitios, no sólo en Cataluña,
Vascongadas o Galicia: ¿quiénes quieren ser ciudadanos españoles?
¿quiénes no quieren serlo?. Y esto, con todas las consecuencias jurídico-políticas
que se deriven en los respectivos derechos y obligaciones. Quienes no
quieran ser ciudadanos españoles siempre podrán gozar de un estatuto
de residentes, y no se les impedirá, si
es su deseo, buscar un nuevo país de acogida
que permita, en su legislación, el
“derecho de autodeterminación de las nacionalidades”. A la vez,
quienes queremos ser ciudadanos españoles, podremos serlo con plenitud,
es decir, iguales ante la ley y en condiciones sociales de desarrollo,
sin que mesnadas de nostálgicos de la Edad Media y racistas nos
asesinen, opriman y expolien. Y sin que unos listos se pongan al rebufo
de los anteriores par dividirnos y vivir del cuento.
¿Quiénes queremos ser españoles?
¡Abajo el Estado de las Autonomías!
Secretaría
General del Partido Nacional Republicano
Mayo
de 2008
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