POR FIN, LA DERECHA DIVINA



 

 

Redacción.- Pocos meses antes de fallecer Jesús de Polanco, el Lord Protector del Reino en las últimas décadas, echaba de menos en España la existencia de una “derecha laica”. Con él ha venido a coincidir Vargas Llosa, que ha estado votando al PP hasta el momento y ha terminado afiliándose al partido de Rosa Diez y Savater: “Soy liberal y el liberalismo en el partido popular es minoritario, no está presente ni en su ideario ni en su conducta política”.

En efecto, el PP es liberal en el plano socio-económico, pero arrastra un pesado lastre retrógrado en el plano político e ideológico. Su “idea de España” no sólo se vincula férreamente a la monarquía, sino además a la defensa de la pervivencia de un papel sacro de la iglesia en el proceso político. Padece, además, una grave incapacidad intelectual para ponerse al día. La izquierda de origen marxista pudo dar una salida provisional a su agotamiento, a impulsos de una “gauche divine” que le inyectó dosis de la ideología libertaria de Mayo del 68. Por el contrario, la derecha española no consigue segregar orgánicamente una “droite divine”. Parece que sólo puede dar ese paso gracias a la aportación de intelectuales de izquierda rebotados. Y ese paso se da, con lentitud. La existencia de una derecha rancia y, a la vez, acomplejada, y de algunos izquierdistas bochornosos, acaba produciendo la anhelada derecha divina. Es lo que estamos viendo desde hace un par de años.

La derecha divina catalana (Ciutadans) ha sido promovida por residuos de la crisis de la vieja izquierda marxista. Ha terminado desembocando en algo muy parecido al PP, pero se diferencia de su rancio relente nacional-católico mediante la defensa de la laicidad y con la asunción de innovaciones zapateriles como la del matrimonio homosexual. En un primer momento, su origen le indujo a intentar la conquista de los cinturones obreros de Barcelona. Fracasado este empeño, por su indisimulada orientación liberal capitalista, ha terminado buscando clientela en los sectores catalano-españoles de clase media, secularizados y, a la vez, desengañados por las claudicaciones del PP ante el catalanismo político.

 

 

 

 

 

 

  

Ahora, intelectuales y políticos procedentes de la izquierda vasca están conformando el partido de la derecha divina “a escala de Estado”. Es Unión, Progreso y Democracia. 

La rampa de lanzamiento de ese nuevo partido ha sido la asociación cívica ¡Basta ya!, que durante bastante tiempo estuvo prestando apoyo a Zapatero en su contubernio con ETA y formando parte del coro oficial de quienes acusaban de “conspiranoicos” a cuantos se resistían a aceptar las mentiras oficiales sobre el 11-M. La nueva UPD todavía arrastra tics de esa fase. Pero la incorporación de la veterana aparatchik Rosa Diez ha templado el proyecto y lo ha reconducido hacia la dirección adecuada. No pierde ocasión de resaltar que el nuevo partido tiene su origen en la izquierda. Pero es perfectamente consciente de que su destino es pastorear a los sectores emergentes de una “derecha de progreso” a los que la derecha rancia del PP incomoda crecientemente. Sabe perfectamente dónde están los bolsones de votos de la derecha divina. Ha salido tanta gente rebotada del PP, que Unión Progreso y Democracia completará fácilmente sus listas electorales de toda España a base de disidentes ‘peperos’ cabreados.

Rosa Diez ha contado además con el concurso de Miguel Buesa, presidente del Foro de Ermua. Otro socialista de toda la vida y también buen conocedor de la derecha rancia en la que venía medrando últimamente. Buesa era ya un asiduo a Génova, donde ha compartido sillón con la flor y nata del PP. Tan a gusto se hallaba en esta compañía que hasta se presentó por el PP en Vitoria en las últimas municipales.  Pero poco ha tardado Buesa en apuntarse a la UPD, desdeñando a la derecha que tanto le ha dado y que tanto empeño puso en auparlo como líder social, con la intención de desbancar a Alcaraz, presidente de la Asociación de Victimas del Terrorismo.

De todo esto ha salido la UPD y su ideario, enfocado a la construcción del “partido nacional” que ya no es el PSOE y que no se atreve a ser el PP. En lo básico, la misma monserga que este último: la misma defensa de “la España constitucional” y del Estado de las Autonomías, pero con un “modelo cerrado”, en aras de la igualdad y la solidaridad, el mismo “no nacionalismo”, las mismas propuestas de reforma electoral para cortar el paso a los separatistas… y el mismo silencio ante la rueda infernal del liberal capitalismo, ante su desvalorización del trabajo en todos los frentes –precariedad, des-regulación, presión de la inmigración, etc.-. Pero todo ello aliñado con afeites de individualismo progre –especulaciones sobre las listas abiertas- y con el anticlericalismo decimonónico de  Savater.

Parece poco probable que esta corriente obtenga apoyos importantes de los votantes tradicionales del PSOE. En cambio, puede morder de modo significativo en las clases medias laicas de sentimiento español, a las que repugna la chusca combinación de reacción confesional y traición nacional que caracteriza al conservadurismo pepero. 

 

Octubre de 2007