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Los jefes
de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) han acordado en junio un
nuevo tratado que reemplace a la fallida Constitución europea. El texto
será presentado a una Conferencia Intergubernamental con el objetivo de
que esté ratificado para las elecciones al Parlamento Europeo en la
primavera de 2009.
El nuevo tratado, de mínimos,
mantiene el mecanismo de voto por "doble mayoría" -55% de
Estados, 65% de población-, planteado en la mencionada Constitución, con
el paso al voto por mayoría cualificada, en lugar de unanimidad, de 51
nuevos capítulos esenciales para la vida de las Naciones. Pero Merkel y
Sarkozy han topado con la resistencia de Polonia, favorable a una revisión
de ese sistema de voto y que al final ha logrado retrasar su entrada en
vigor durante cinco años, hasta 2014, ampliables al 2017 en determinadas
condiciones.
¿Qué ha dicho Rodríguez
Zapatero, el
“primero en Europa” en impulsar un referendo de la Constitución
europea, con la cosecha de un 58% de abstención, pese al refrescante
“referéndum plus” de Moratinos, y gran animador de esa campaña en el
país vecino, al grito de “la France vote oui”, en las vísperas de un
rechazo frontal al Tratado? En rueda de prensa celebrada seis horas después
del acuerdo, Zapatero ha tenido que dar la cara y acomodarse a las nuevas
circunstancias: "Europa avanza
paso a paso" y "todo
el mundo ha cedido”. Sin embargo, no ha dejado de vomitar
euro-papanatismo y desprecio a los intereses nacionales de España: “no
podemos venir a Europa a decir que no haya demasiados temas que se
aprueben por unanimidad y, a la vez, decir que queremos los máximos
instrumentos para bloquear, porque eso es una contradicción
absoluta". Y, por supuesto, ha anunciado que su gobierno no tiene
previsto someter a referéndum el nuevo texto, como se hizo con la
Constitución fracasada, y que su proceso de ratificación será
parlamentario.
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Con el nuevo tratado, el eje franco-alemán
es quien sigue pilotando Eurolandia, aunque Ángela Merkel haya sucedido
a Schröder y Sarkozy a Chirac Mediante
la UE, Alemania,
con el celofán de la diplomacia francesa, comanda el tercer intento de
unificación de Europa de los dos últimos siglos, tras los fracasos de
Napoleón y Hitler. Esta vez se trata de impulsar un bloque imperialista
liberal, en competencia de capital con USA, pero bajo su dependencia
global y sobre la base de los mismos principios.
Zapatero
no ha roto nunca el “vínculo atlántico”. Por razones electorales
domésticas sacó a nuestras tropas de Iraq; a continuación las envió
incrementadas a Afganistán. Pero, a diferencia de Aznar, que quiso
hacerse un hueco propio en Europa poniéndose al servicio incondicional
de USA, Zapatero es ante todo un botones del eje franco-alemán. Su
papel en el seno del mismo es apoyar todo lo que pueda reforzar las
mayorías cualificadas, que favorecen al gran capital centro-europeo, y
evitar el veto a los mandamases del mismo. Propiciar la centralización
de Europa en manos de Alemania y Francia y fomentar la división interna
de España.
Nuestra posición, que es la de un
nacionalismo español coherente, se atiene a lo afirmado en uno de
nuestros primeros textos programáticos fundamentales:
“Ni la "globalización"
ni la "mundialización" suponen la superación del Estado
nacional. Suponen tan sólo la crisis de los Estados nacionales débiles
y desarticulados, como la España actual y, a la vez, imponen la
necesidad de confluencias más amplias: bien sea para la promoción de
bloques imperialistas, bien sea para alentar alternativas frente a esos
bloques.
Quienes somos partidarios de
esta segunda posición, preconizamos un impulso europeo diferente del
actual, el de cuantos movimientos acepten como principios fundamentales
la eliminación de la influencia USA sobre el continente y la sustitución
de la actual Eurolandia y su dictadura del monetariado por una Europa
solidaria del Trabajo, que avance a través de fórmulas confederales,
respetuosas de las especificidades nacionales”.
Secretaría General del Partido Nacional Republicano
Julio de 2007
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