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Un
primer dato de lo ocurrido en Navarra tras los comicios locales y autonómicos,
se refiere a la presidencia del parlamento foral. Se trata de una victoria
de Nafarroa Bai, que ha logrado expulsar a UPN de dicha presidencia sin
apenas despeinarse. Para el PSN, el éxito ha sido aun más rotundo. Ha
obtenido la presidencia gracias al apoyo incondicional de la UPN, con los
que se ha ahorrado los discursos de ocultamiento de un pacto público con
los separatistas. En cuanto a la UPN,
palanganera claudicación ante el PSN. Catalán, lider de UPN, la
ha justificado en la necesidad de evitar que un miembro de una coalición
que “no cree en Navarra”, en referencia a NaBai, “presida la primera
institución en la que reside su soberanía”. Es difícil ir más lejos
en la combinación del engaño a los ciudadanos –por lo visto el PSN sí
cree en Navarra-, con la retórica medieval de la “soberanía”
fuerista.
Y mientras todo esto se gestaba, el PSN había llegado
a un acuerdo para gobernar en la comunidad foral con los anexionistas de
Nafarroa Bai y con Izquierda Unida. Este acuerdo topó, como se sabe, con
la decisión de la dirección nacional del PSOE de facilitar el acceso de
la UPN al gobierno. Una decisión que no cabe interpretar como un cheque
en blanco: deja gobernar en minoría impotente a la UPN y no descarta una
moción de censura contra Miguel Sanz dentro de unos meses, en caso de que
Zapatero revalide la victoria en las generales.
Zapatero paga sin duda el precio de un momentáneo
cabreo de los socialistas navarros. Pero las ventajas generales que
obtiene son indiscutibles. Se envuelve en la defensa de los “intereses
generales por "encima de nuestros intereses partidistas a corto
plazo", presumiendo de llevar a la práctica ”lo que
otros no han sido capaces”. Traza un cortafuegos frente a la
acusación de que los socialistas habían urdido la de venta de Navarra al
País Vasco y, por si fuera poco, suspende una espada de Damocles sobre la
UPN, sujeta desde el Estado Mayor que dirige José Blanco al lado del teléfono
rojo de La Moncloa. Poco tiempo ha pasado antes de que se insinúe el
deshilachamiento del cordón umbilical de Génova con Pamplona. Miguel
Sanz ya ha prometido apoyo a la línea “anti-terrorista” de Zapatero y
ha manifestado a Rahoy su deseo de conformar grupo parlamentario propio en
el Congreso.
En cuanto a la “rebelión del socialismo navarro”,
no llegará la sangre al río. Es claro que la Ejecutiva Federal del PSOE
no ha vetado el pacto de fondo del PSN con NaBai; solamente ha retrasado
su cumplimiento unos meses. No han disonancias estratégicas entre el PSN
y PSOE. Rodríguez Zapatero, José Blanco, Chivite o Helena Berruezo están
completamente de acuerdo en gobernar con Patxi Zabaleta, en darle el
control del órgano común permanente y en reformar la ley del eusquera
hasta hacerlo oficial en la totalidad de Navarra.
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Se ha producido, ciertamente, una discrepancia táctica,
en la que Zapatero ha impuesto su agilidad de cintura. Al PSOE no le
interesa, en este preciso momento, gobernar Navarra, sino un triunfo en
las elecciones generales que le permitirán pegarle el tiro de gracia a
la UPN.
No esperemos, por tanto, escisiones del PSN. Los ahora
descontentos aguardarán a marzo de 2008, cuando puedan pactar con NaBai
con total libertad, crear el órgano común y la navarra batúa que le
exigen NaBai y ETA, y continuar con el “proceso de paz”. No pueden
reprochar a Zapatero el haberles engañado. Fue él quien advirtió que
la cosa sería larga, dura, difícil y con parones y “accidentes”.
El foralismo navarro es una alternativa retrógrada de
defensa de privilegios territoriales. Carece de encaje en la idea de una
nación española de ciudadanos iguales. Un absurdo
autismo neo-requeté. Se coloca en el mismo terreno de defensa de
“lo nuestro”, que los nacionalistas fraccionarios. Por ello ha
facilitado en gran medida la penetración vasquista en Navarra en los últimos
años. Últimamente, ha tenido una excelente oportunidad de denunciar la
estrategia del PSN de formar un “gobierno de progreso” con NABai y
de provocar la convocatoria de unas nuevas elecciones. Tal convocatoria
habría colocado a la UPN ante su casi segura victoria por mayoría
absoluta. Hubiera pillado a contradiós a los socialistas, navarros y de
Ferraz. Por el contrario, la UPN ha aceptado el caramelo emponzoñado de
la calle Ferraz. Con ello, ha desmontado un aspecto esencial del
discurso de oposición política del PP de los últimos años, que había
presentado la cuestión de Navarra en el nivel más alto del
enfrentamiento político entre Rajoy y Zapatero, con movilizaciones de
centenares de miles de españoles.
El PP y sus ramas regionales presumen de tener
“alternativa nacional”. Pero lo cierto es que están cada vez mas
carcomidos por la gangrena “identitaria”. A esto conduce
inexorablemente el mecanismo del Estado de las Autonomías. Empezaron
aprobando un estatuto de “identidad nacional andaluza”. Ahora, en
las Illes, la Sra Estaràs sigue los pasos de la UPN y enarbola la
“defensa de lo balear” frente a “lo catalán”. En Canarias y
Galicia, tres cuartas partes de lo mismo. Hasta Gallardón quiere ir
como diputado al Congreso “para que esté presente la voz de
Madrid”.
Tendrán lo que se merecen.
¡Abajo el Estado de las Autonomías! ¡Por una república
española de ciudadanos iguales, sin “naciones” ni fueros!
Agosto 2007
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