IMPUESTO SOBRE PATRIMONIO



 

 

Redacción.- En mayo de 2002, el documento titulado “Una alternativa fiscal para España. Informe de la Comisión de Expertos nombrada por el PSOE para elaborar una propuesta sobre la reforma del IRPF”, afirmaba en relación con los impuestos de Patrimonio y Sucesiones y Donaciones: “Frente a las nuevas presiones para su eliminación, debe defenderse de nuevo la importancia de estos Impuestos para reforzar el componente progresivo del sistema, servir de instrumento de control de los bienes y derechos generadores de renta, facilitar la aplicación del IRPF y completar el control de determinadas rentas escondidas en patrimonios”. Nada que objetar a estas afirmaciones. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Sin embargo, donde dije digo, digo Diego. Hace unas semanas, Zapatero enterró el Impuesto sobre el Patrimonio. El de Sucesiones, es sólo cuestión de tiempo. Por este camino, pronto nos quedará sólo la imposición indirecta y un nuevo gravamen sobre puertas y ventanas, como rasgo de progresismo y modernidad fiscal. 

Lo que sustenta esta decisión es una determinada visión de lo público, inscrita totalmente en la ideología liberal capitalista dominante que, en síntesis, sostiene que los gobiernos (es decir, lo público en la economía) no son la solución sino el problema. En el caso español, se refuerza con la tesis, impartida hasta hace poco únicamente por el PP, de que la “carga fiscal” (y ya hablar de “carga” es sintomático) es insoportable. Pese a que las estadísticas comparativas demuestran lo contrario, que nuestra presión fiscal sigue por debajo de la media de la UE, esa falacia se ha impuesto como “verdad” incontrovertible.

En cuanto al impuesto sobre el Patrimonio, que se presenta como un “azote de las “clases medias”, afecta a poco más de 900.000 personas. Al suprimirse este impuesto unos pocos se ahorrarán mucho, más de cien mil euros, y muchos, una miseria.

 

 

 

 

Enero de 2008