El Estatut ES HORA DE PARTIR PERAS



 

 

 

Según una información de ‘La Vanguardia’, el Tribunal Constitucional (TC) está dispuesto a avalar que Cataluña es una nación, como se indica en el preámbulo del Estatuto de Cataluña, si bien se precisa a continuación que esta definición “no tendrá efectos legales”.

El Partido Nacional Republicano entiende, por el contrario, que aceptar que Cataluña es una nación tiene consecuencias jurídicas y políticas de la  máxima importancia. Con esta aceptación, el TC deslegitima a la Nación española, que constituye el proclamado fundamento de todo el edificio legal e institucional. Deslegitima la soberanía del conjunto de nuestro pueblo, al que formalmente se define como origen de todos los poderes del Estado. Deslegitima a la Constitución de 1978, cuyo basamento es “la indisoluble unidad de la Nación española”. Deslegitima a la propia monarquía, justificada en la Constitución como símbolo y garante de la unidad y permanencia de España. Y se deslegitima a sí mismo, poniendo al desnudo su mera función ratificadora de los dictados de las castas políticas de una monarquía antinacional, oligárquica y antipopular.

Dada la anemia nacional y la confusión que hoy predominan, es probable que las consecuencias de este pronunciamiento del TC no sean advertidas de inmediato. Pero tales pronunciamientos tienen una lógica implacable, que no puede tardar sus efectos devastadores.

 Estimamos que no faltarán patriotas que, ante ese definitivo desenmascaramiento del TC, sabrán luchar sin desmayo para avanzar hacia otro régimen, hacia otra constitución y hacia otro poder judicial. Hacia la reconstrucción nacional de España como república unitaria y democrática de ciudadanos iguales.

En su evolución, el régimen va zurciendo, a empellones de los apetitos de la partitocracia y su testa coronada, una legalidad bastarda y corrosiva de su propia legitimidad. Y en su infinita cobardía, no se atreve siquiera a entronizar legalmente el engendro de monarquía plurinacional, la confederación neofeudal de caciques presididos por el de la Zarzuela, en la que de hecho nos precipita.

Por todo ello, llamamos a la ruptura democrática, a romper la baraja. No puede haber lealtad con un régimen que pisotea sus propios fundamentos: su único horizonte es la tiranía, más o menos edulcorada. Ya solamente debe guiarnos la defensa de una nueva legitimidad, nacional y democrática, y la acumulación de las fuerzas necesarias para instaurarla. ¿Respeto a la legalidad actual? Sí, en la medida que nos beneficie.

Es hora de partir peras.

 

 

Secretaría General del Partido Nacional Republicano

Julio de 2008