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Juan Colomar
Agosto 2007
La disyuntiva en la que nos
hallamos hoy los españoles es tan sencilla como trágica: o nos ponemos
en pie para reemplazar con nuestra movilización al régimen de 1978 y
edificar una república que garantice nuestra unidad nacional, sobre las
bases de la democracia y la justicia social, o la continuidad histórica
de España desaparece.
La
Constitución actual es mero papel mojado; dentro de poco será papel higiénico.
Esa Constitución no puede existir sin el consenso de las instituciones y
fuerzas políticas que la engendraron. Y tal consenso hace tiempo que se
fracturó.
¿Quién
rompió el consenso?
La
Zarzuela, el PSOE y los nacionalistas periféricos entienden que lo rompió
Aznar. Todo este sector juega en el mismo lado del tablero, si bien con
las inevitables disensiones. Desde inicios de los 80, el rey ha jugado a
beneficiar al PSOE. Piensa que el negocio de la Corona está más seguro
con el PSOE en el poder. Y con los separatistas tranquilos. Ha dedicado
mucho esfuerzo en tejer lazos familiares y crematísticos con ellos.
¿Y
por qué considera este bando que Aznar rompió el consenso? Por tres
razones fundamentales.
Primera.-
Del consenso formaba parte la connivencia estrecha con los separatistas
catalanes y vascos, ya alojados en sus "nacionalidades", y la
preponderancia de éstas en el conjunto del “país”.
En
principio, nada indicaba que Aznar fuese a apartarse de esa norma básica.
Bajo su mandato funcionaron a pleno rendimiento las dos piquetas con las
que desde 1978 se ha ido erosionando la unidad estatal española: el
sistema de las Autonomías y las privatizaciones. Aznar pactó en 1996 con
vascos y catalanes y les cubrió de inversiones en detrimento del resto de
España. Además, aceleró brutalmente las privatizaciones, hasta extremos
sólo superados en Occidente por el gobierno de Margaret Thatcher.
Sin
embargo, a partir del 2000, Aznar
dejó claras dos cosas: que ETA -que sacudía el árbol del que todos los
separatistas recogían nueces- debía perder toda esperanza, y que no
pensaba cambiar una sola coma del texto de 1978.
En
cambio, el resto del régimen consideraba necesaria una interpretación
abierta de la Constitución. Los mandarines de PRISA, faros ideológicos
del régimen, insistieron en una “lectura federal” de la Carta Magna.
Realmente, lo que preconizaban era el tránsito desde la soberanía del
pueblo español, entendido como cuerpo político indivisible, a una
soberanía compartida entre “los pueblos de España”, en sentido étnico,
dotados de perfiles para-estatales. Se trataba, por tanto, de una
alternativa confederal.
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Esta
debía redorar la legitimidad de la monarquía –mediante su trasmutación
“plurinacional”-. Debía servir de marco una nueva etapa de
fortalecimiento del capital financiero y de los oligopolios, tanto los
de viejo cuño como los brotados de las privatizaciones, al permitir un
salto cualitativo en la merma de libertades y en la privatización de
servicios e instituciones de protección social. Y debía alentar nuevos
avances en la concentración monopolista, asociando de forma
privilegiada a los mismos a las oligarquías catalana y vasca. Sobre
todo cuando tanto en el centro y en el levante español se estaban
erigiendo polos mucho más dinámicos y eficientes.
Segunda.-
Del consenso formaba parte la buena vecindad con Marruecos, a cuyo tiránico
régimen se vinculan grandes negocios del rey y de un sector del PSOE,
con Felipe González a la cabeza. Sin embargo, el incidente de Perejil,
enfrentó a Aznar con Marruecos en lo que pudo ser el inicio de un
conflicto bélico.
Tercera.-
Del consenso formaba parte la integración en Eurolandia bajo mando
franco-alemán, diseñada a lo largo de los gobiernos de Felipe González.
Pero resulta que Aznar no se hubiera atrevido al choque con Marruecos
sin contar con el apoyo de USA y que, a cambio de ese favor, apoyó la
invasión y ocupación de Iraq, que lesionaba importantes intereses de
Francia y Alemania en ese país. No contento con esto, se lanzó a
encabezar en el seno de la UE una fracción de los descontentos con la
dominación de Bonn y París.
Ante todo esto, el grueso del régimen se alarmó. ¡Aznar no había
entendido el consenso! Estaba rompiendo todas y cada de las reglas no
escritas que sustentaban el estatu quo. Y por eso empezaron las
movilizaciones: educación, Prestige, guerra de Iraq. Y como las
movilizaciones parecían insuficientes para favorecer un derrumbamiento
electoral del PP, vino el 11-M. Y todo lo que se deriva del 11-M.
Hemos
asistido al establecimiento de una alianza estratégica entre PSOE y los
separatistas que, con el pretexto de la “pluralidad”, reduce España
a un conglomerado de "naciones" al nivel mafioso de sus
promotores. Ha sido integrada ETA en esa alianza, como instrumento de
demolición en nombre de la “paz”.
Este
“proceso” ha cosechado ya importantes éxitos gracias, en gran
medida, al PP, que se ha ido sumando solapadamente a las políticas de
Zapatero. Se ha desentendido de la clarificación del 11-M, se ha sumado
a las reformas estatutarias anti-nacionales, ha cerrado filas con el
PSOE en el apoyo a la Constitución Europea, ha pactado la renuncia a
convocar nuevas elecciones en Navarra …¿Cuál es, entonces, la función
específica del PP? Castrar todo impulso de rebelión
democrática española, incluso incipiente. ¿Cómo? Encerrándolo
en el congénito discurso derechista: el acceso a la jefatura del Estado
por derecho de bragueta forma parte de la idea de España. Su papel, por
tanto, se contrae a desactivar todos los movimientos semi-espontáneos
de resistencia española antes de que puedan radicalizarse contra el
sistema de la partitocracia coronada. A esta ejecutoria traidora y anti-nacional
se sumará la estupidez, si de todo ello espera agradecimientos. Pues es
también congénita la disposición borbónica a dejar tirados a sus
fieles, a quienes tiene por seguros, tan pronto como le estorban.
Por
ello debemos apartarnos de quienes pretenden concentrar el fuego de la
resistencia española solamente en la figura de Zapatero. Es sólo el
actual gerente del “proceso”. No es Dios. Y aunque lo fuera, tendríamos
que seguir el consejo de Borges y no perder de vista al "dios que
está detrás de Dios".
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