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Redacción.-
Algunos autodenominados artistas han logrado que su sindicato se apropie
de la recaudación de un impuesto, porque no otra cosa es el canon
digital. Para ello se parapetan en la necesidad de combatir el pirateo y
en una directriz de la Unión Europea que establece el deber de los
Estados miembros de garantizar la propiedad intelectual. Pero esa
directiva en momento alguno autoriza la imposición de un tributo
indirecto sobre soportes cuya finalidad no es la reproducción de vídeos
o canciones, aunque puedan ser utilizados para ello.
Peor
que el pelotazo de la SGAE ha sido, sin embargo, el cinismo de Zapatero,
al permitir que canon siguiese adelante. Después de calificar al Impuesto
sobre el Patrimonio de “gravamen obsoleto”, ha presentado al canon
digital como una figura innovadora: un impuesto indirecto, generalizado y
preventivo, cuya recaudación se privatiza y se concede a un gremio de
vividores. ¡Viva Zapatero el rojo!
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Ha
sido el socialista Carlos Castro, director general de Telecomunicaciones
y Sociedad de la Información de la Junta extremeña, quien ha
denunciado con mayor contundencia ese atraco: "Visto lo visto,
mereceríamos perder. Querer ganar el gobierno, sólo con el favor de
una clase artística mediocre, que no sabe vivir sin las subvenciones y
los diezmos, es una vergüenza. La gran mayoría estamos de espaldas a
esos especuladores que se llaman progres y que mima esta izquierda
mendicante de favores."
Por
desgracia, quienes piensan como Castro en el PSOE no son la “gran
mayoría”. Son versos sueltos, circundados por el silencio. En
general, los socialistas están callados, conscientes de que la luz
verde al canon digital es el pago de Zapatero al papel que en la agitación
y propaganda durante las jornadas del 11-M desempeñaron esas “fuerzas
del arte y la cultura”, papel para el que pueden volver a ser
requeridos.
Enero
de 2008
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