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Extractos de la ponencia aprobada por la II Conferencia Nacional (mayo del 2000), con las modificaciones introducidas por la III Conferencia (julio del 2001).
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“La propuesta del Partido Nacional Republicano (PNR) implica un curso de creciente movilización política, culminante en un Gobierno de renovación nacional capaz de precipitar una ruptura democrática radical con el ordenamiento actual. Corresponderá a dicho Gobierno la apertura de un proceso constituyente republicano y dispuesto a profundas transformaciones sociales. Todo ello supondrá, además, junto con los cambios en las superestructuras políticas y en las relaciones sociales, la emergencia y troquelado a gran escala de un nuevo tipo de español. Ahora bien, tal movilización política requiere, como condición de triunfo, la existencia un potente partido como el que el PNR pretende edificar. La construcción de ese partido es, precisamente, la tarea estratégica central del presente periodo”.
“El PNR es portador de un proyecto vinculado a los principios de la democracia republicana y, por ende, a la afirmación del pueblo español como sujeto histórico. Pero, en esa concepción, el pueblo no es una entidad "social", la población, de significación puramente estadística. Tampoco puede ser confundido con la masa o suma de individuos que en gran medida conforma hoy a España. El pueblo es una categoría política, cualificada por la comunión con unos principios, la adhesión a unos proyectos y la participación en unas instituciones. Así entendido, el pueblo no puede ser definido como una "entidad natural". Será el fruto de un esfuerzo de construcción política, dilatado, complejo y diferenciado. Un esfuerzo abocado a la edificación de un nuevo Estado, a través de un proceso desigual y discontinuo, que incluirá fases de radicalización, de decantamiento de agrupamientos de vanguardia, así como de fases de retroceso, y cuya culminación dependerá de la configuración de un partido como el proyectado por el PNR. Concebimos a ese partido como entidad promotora y condición primordial de plasmación de la alternativa política global patriótica, republicana y socialista que los españoles precisamos para constituirnos en pueblo propiamente dicho. Para ello lo consideramos sede fundamental de la elaboración y constante puesta a punto de dicha alternativa nacional-popular; elemento decisivo de su triunfo en el contexto de una crisis nacional y primer crisol de la forja de un nuevo tipo de ciudadano español”.
EL
PARTIDO, ESCUELA PREPARATORIA PARA LA VIDA “No pretendemos construir un partido al
estilo liberal, es decir, una recua de arribistas y mercaderes de conciencias,
sino una minoría estrechamente conjurada, altamente cohesionada a partir de
rigurosas bases éticas y políticas, delimitada del modo más neto del resto de
fuerzas y asentada en una severa selección de sus miembros. En definitiva,
luchamos por un partido de nuevo tipo, comunidad militante por la III República
hispánica y la vía española al socialismo, en cuyo seno comiencen ya a vivir
los valores de la futura Patria liberada. Este empeño no resultará de experiencias "vivenciales" en vaso cerrado, al modo de las sectas. Será el producto de una práctica que, en la realización de las más elementales tareas, debe convertir al Partido en escuela que prepara para la vida en un nuevo Estado. Debe traducirse en la decadencia de las pautas individualistas y mercantiles y en la creciente consolidación de actitudes que han de ocupar un puesto preeminente en nuestra alternativa. Éstas son, ante todo, carácter (capacidad de resistencia al empuje de alternativas superadas), dignidad (conciencia de obrar por un fin superior), honor (voluntad intrépida de mantenimiento de los nuevos principios nacional-republicanos y socialistas), lealtad, camaradería, disciplina (no entendida como ejecución mecánica de consignas, sino como cumplimiento fundado en la asimilación lúcida de los principios), sentido crítico positivo y acción despersonalizada”.
“Por lo expuesto, queda claro que no tenemos como objetivo la constitución de un mero partido de coyuntura electoral, o de simple gestión de lo existente. Luchamos por un Partido que, tras haber sentido y pensado una Nueva España, tenga la voluntad de plasmarla animado por un poderoso afán de creación comunitaria. Un "partido histórico" que se sepa punto de arranque hacia la refundación de España mediante la instauración de un nuevo Estado. Un Partido capaz de preparar esa renovación a través de una acción dirigida a transformar a la masa seriamente desnacionalizada de nuestros actuales compatriotas, en República unitaria animada por una nueva valoración del Trabajo”.
PARTIDO
DE LOS TRABAJADORES ESPAÑOLES “Es la nuestra una propuesta realizada a
los españoles de cualquier condición. Sin embargo, más allá de la disposición
a acoger a individuos de todos los sectores sociales, el PNR debe privilegiar un
enfoque de Partido de los trabajadores españoles (lo que no significa incurrir
en un discurso economicista o "laboral"). Abonan esta posición
diversas razones fundamentales: ·
En un plano
cuantitativo: el mundo del trabajo (asalariados de diversos niveles de la
industria, la agricultura, los servicios y administraciones, así como los autónomos
o autopatronos, establecimientos familiares, etcétera), que es la mayoría
aplastante de la población española. Esta mayoría podrá reforzarse aún más,
estratégicamente, en su momento, mediante la polarización de sectores de la
pequeña empresa.
·
Hay un plano
cualitativo más importante: el mundo del trabajo es el creador de toda la
riqueza nacional y, sin embargo, se ve relegado a un nivel subalterno de
influencia social, cuando no a condiciones de existencia indignas. ·
La figura de los
ciudadanos iguales, cimiento de la Nación política y de la República democrática,
no puede limitarse a enunciados jurídico-políticos aunque los incluya, debe
extenderse a la igualdad de oportunidades en el terreno económico social.
· Los objetivos socialistas del Partido son irrealizables si no arraiga ante todo en el mencionado mundo del trabajo. El Capital no es una "cosa" que pueda disolverse mediante algunos decretos. Es un sistema de relaciones. Para superarlo, es preciso que los sectores que mantienen una relación especial, directa, con los medios técnicos que sustentan al orden actual, decidan conferir a esos medios y al trabajo un mismo un sentido distinto al del presente, un sentido dignificado”.
"PARTIDO-CONCEPCIÓN-DEL-MUNDO" “Queremos hacer del PNR un partido de
combate por la conquista del Estado. Un partido que deberá obtener el apoyo de
millones de españoles, de las más diversas inclinaciones ideológicas, en
torno a una propuesta de renovación de lo público, del plano que los
jurisconsultos romanos denominaban "imperium". Las particularidades en
cuanto a cosmovisión filosófica o religiosa, así como la mayor parte de las
peculiaridades, filias y fobias culturales, deben quedar reservadas al campo
estrictamente privado, del "dominium". Esto no significa que el PNR se limite a
una retahíla de consignas políticas desprovistas de tuétano y de tradición.
El PNR se alinea dentro de la tradición europea de racionalidad nacida en
Grecia, vinculada a un imperativo de objetividad en la búsqueda de la verdad y
a los métodos lógicos y experimentales para esa búsqueda, permanentemente
sometida a verificación práctica. En consecuencia, descartamos el modelo de
"partido-concepción-del-mundo", que ha proliferado en el pasado.
Acogemos, en cambio, el modelo del "partido-proyecto-político": el de
implantación, en los inicios del siglo XXI, de una República Unitaria Española,
instigadora de una rehabilitación del socialismo, como trampolín de la lucha
de una Nueva Europa. Por otra parte, es evidente que el "proyecto", de matriz técnica o política, se sitúa en las antípodas del pensamiento utópico, de cuño mesiánico. El proyecto tiene su lugar y su tiempo. No aborda la resolución de otros retos que los planteados a una comunidad concreta en un determinado periodo histórico”.
EL SIGNIFICADO DEL PROGRAMA FUNDAMENTAL “El elemento vincular esencial del PNR es
lo que algunos han llamado "manojo de ideas claras y tajantes que preservan
de cualquier linaje con el enemigo", otros llamaron "programa máximo"
y nosotros denominamos Programa Fundamental. En efecto, este programa, al igual
que los Estatutos, no ha de ser jamás muy detallado. El Partido debe basarse en
una esfera de "monolitismo limitado", y no sobre una montaña de
cuestiones secundarias o ajenas al proyecto político. Esa esfera se sintetiza
en el Programa Fundamental, cimiento sobre el que se aposenta la unidad y
continuidad del movimiento y que constituye el elemento de homogeneidad y
soldadura de sus miembros. La coherencia y la persistencia en la acción
del Partido no pueden esperarse ni deben exigirse a partir de reivindicaciones
parciales, pronunciamientos de coyuntura, ni a partir de coincidencias en el
plano cultural, estético o en interpretaciones históricas de detalle. Los
objetivos inmediatos son necesarios para la táctica: campañas de agitación
concretas, iniciativas unitarias precisas, intervenciones electorales, etc. Pero
no pueden sustituir a la médula programática del Partido y a su norte estratégico
fundamental, sobre los cuales se establece el vínculo militante. Ese "programa máximo", en tanto
que proyecto ofrecido a la Nación, sella un compromiso público que debe
explicitarse de forma permanente. Y esto no sólo mediante exposiciones
propagandísticas entre elementos próximos. También mediante una agitación
inequívoca y terminante de sus metas esenciales. Aireado en estos términos, el
programa es la referencia básica a la que pueden dirigir su atención los
elementos avanzados que de modo minoritario destaca la evolución social.
Aquellos que no necesitan más experiencias parciales para determinarse y que,
por el contrario, solicitan respuestas terminantes en el plano de las
alternativas globales y finalistas. Se dirá, con razón, que el PNR no puede
basar todas las fases de su desarrollo únicamente en esa atracción de
individualidades valiosas mediante la agitación y la propaganda en torno al
programa máximo. Pero ese programa tiene otra función decisiva: es la estrella
polar que guía la elaboración y propuesta de iniciativas parciales, de ejes de
trabajo episódicos que, desde cada coyuntura, operen como jalones o elementos
de acercamiento de la conciencia de los sectores rezagados hacia las
alternativas finalistas. El Partido explicita permanentemente su referencia máxima y desde ella define, en cada momento, objetivos transitorios. De esta forma supera, a la vez, un maximalismo que a la larga puede aparecer como palabrero, y un minimalismo que tiende siempre a lo acomodaticio.
LA AGITACIÓN Y PROPAGANDA DEL PARTIDO El PNR ha hecho un esfuerzo importante para
superar la confusión en lo tocante a la agitación y a la propaganda, las
visiones superficiales según las cuales la agitación sería "lo
inmediato" o, peor aún, "lo que ya pide la gente", normalmente
asociado a un "llamamiento directo a la lucha", y la propaganda sería
lo final, el "programa máximo", que quizá convenga sustraer a las
masas "para no asustarlas" y que se expone entre pequeños círculos
los días de fiesta. Pero la verdad es que, a partir de una huelga en una pequeña
empresa se puede escribir un voluminoso tratado sobre la economía política
capitalista y sobre las alternativas a la misma: propaganda. Y a partir de los
discursos del Rey que nos animan a seguir siendo mamporreros de la OTAN, o
ensalzan la connivencia de los "no violentos" por encima de cualquier
consideración, cabe una agitación directa por la República, por lejos que se
halle la instalación de la misma y que, por supuesto, no se traducirá en
consignas de acción inmediata. La propaganda irradia muchas ideas para
pocas personas. Recurre a la técnica comunicativa de la demostración: una
argumentación compleja que, en ocasiones, discurre incluso de lo general a lo
particular. Su finalidad es convencer de la necesidad de principios nuevos o
fundamentar unos principios ya compartidos. En cambio, la agitación airea pocas
ideas para muchas personas. En tanto que técnica comunicativa traduce se
propone la seducción y conmoción emocional. El principio que invoca como punto
de partida es exactamente el mismo que el de la propaganda: la verdad contra el
error o la mentira. Contra lo que opinan muchos politicastros del sistema, el
agitador no es forzosamente un demagogo. Pero en su defensa apasionada de la
verdad, el agitador parte invariablemente de hechos concretos, de
acontecimientos aislados, discurriendo de lo particular a lo general. Y en sus
formas expresivas, apela del modo más inmediato posible a los sentidos y a los
sentimientos (valoraciones ya sedimentadas en el inconsciente). En su elaboración, la agitación se basa
en las necesidades objetivas, jamás en la "opinión pública", en la
"mentalidad" dominante, etc. Pero, en su formulación, deberá moverse
dentro del universo sentimental existente. Algunas veces, podrá recurrir
directamente a elementos del mismo que siguen siendo válidos; en otros casos,
que hoy son la mayoría, tratará de completarlos, depurarlos, "darles la
vuelta" o "estirarlos", asociándolos a los contenidos por los
que nosotros luchamos. La agitación no se confunde con las consignas de lucha,
con los llamamientos a la acción. Puede acompañarse de los mismos o no: todo
dependerá de la correlación de fuerzas. Pero, en todo caso, la agitación
pretende extender un clima de desasosiego e indignación ante el presente,
suscitando exigencias en todos los planos contra el sistema. Nuestra más
humilde labor agitativa debe acreditar la aparición de PNR como cofradía de
aguafiestas, empeñada en verter chorros de vinagre sobre la mermelada pequeño-burguesa
de la España actual. La agitación es el primer medio de diálogo del Partido con los españoles actuales, tal como son, con vistas a promover su transformación en pueblo republicano y socialista, en el bien entendido de que tal transformación sólo puede culminar mediante la acción y, en última instancia, desde el dominio del Estado. Por su contenido, la agitación debe obedecer a un cálculo glacial. Comporta un estudio de las formas más eficaces de proyectar nuestros principios en una situación concreta. Por su forma, debe ser tensa y penetrada de un sentimiento de ofensiva. Ha de ser capaz de combinar los tonos más enardecidos, con el sarcasmo más vitriólico. Y sobre todo, no puede perder nunca una precisión taladrante. Por su factura técnica, día a día, la agitación es forzosamente fragmentaria. No ha de pretenderse que pueda "decirse todo" en un artículo o intervención oral. Pero, en su conjunto y en el tiempo, la agitación debe conducir a una única conclusión: si nuestros principios políticos quieren vivir, el sistema actual debe morir.
La forma fundamental que el Partido debe privilegiar en cuanto a la agitación tras demandas parciales es la de las "campañas centrales del Partido" a que se refiere el artículo 7 de los vigentes Estatutos del mismo: campañas nacionales que involucrarán al conjunto de la organización y a todos sus instrumentos y cuyo impulso y control corresponde a la Secretaría General. A partir de ahora se potenciarán estas iniciativas agitativas de integración nacional, que permiten visualizar la aparición del Partido como un todo, sobre cualquier dispersión que intente justificarse en la necesidad de adaptación a especificidades regionales. Pues si tales especificidades son relevantes, adquirirán relevancia nacional y serán objeto de campañas a este nivel.
Anteriormente hemos diferenciado la agitación de la propaganda. Pero, a la vez, no puede ignorarse la clara relación que debe existir entre ambas. La agitación es la primera trinchera: realiza una labor de siembra, sin que la propaganda en sentido estricto se limitaría a un estéril ronroneo circulista entre los de siempre. Pero también hay que destacar que la agitación exige el complemento de una labor de propaganda como condición de consolidación y continuidad de trabajo político de conjunto. La agitación tiende los primeros puentes. A partir de los mismos, aparece la necesidad de una fundamentación y mayor explicación de nuestras posiciones, y ello con una doble finalidad: favorecer el trabajo de proselitismo y de reclutamiento e influenciar a cuadros medios de otras organizaciones.
LOS PROBLEMAS
ORGANIZATIVOS, Nuestra
alternativa no es una aventura nihilista, ni un juego para matar el
aburrimiento. Obedece a la fría premeditación de conducir a un triunfo total a
los principios del nacionalismo político, de la democracia auténtica y de una
nueva valoración del Trabajo, y a la decisión de hacer cuanto esté de nuestra
mano para merecer ese triunfo. Esa decisión no puede satisfacerse con poses ni
verbalismos. Implica una actitud de extremo rigor en la táctica, un talante
absolutamente escrupuloso y abnegado en la realización de las más nimias
tareas, empezando por la participación activa en las reuniones de los órganos
regulares del Partido, en su trabajo de agitación, y en la contribución a su
sostenimiento económico. Es incompatible con la superficialidad, el
atolondramiento y la chapuza. Comporta conducir la implacabilidad, atributo
caracterial decisivo de los grandes guerreros del pasado, al terreno de la
organización. La
sociedad de hoy viene definida por la atomización individualista, por la
pulverización y fragmentación que provocan sus forcejeos en pos del Bienestar.
Frente a ese mundo, organizar, construir el Partido es conjuntar, estructurar
los vínculos de una comunidad-proyecto, en tanto que principio opuesto al magma
societario del presente. El PNR debe ser apreciado desde una perspectiva que
cabe calificar de religiosa en un sentido profundo y primordial: se dirige a
re-ligar, a vincular a los españoles en torno a una propuesta que supone una
recuperación de su dignidad y un esfuerzo de superación de todo lo que es
meramente vegetativo e individual, hacia un plano de creación política histórica.
Se trata, evidentemente, de un proyecto de largo aliento. Pero por algo tiene
que empezar: ante todo por nosotros mismos, por un arrinconamiento de los hábitos
individualistas (base de la irresponsabilidad, la inconstancia, el personalismo,
el diletantismo) que inevitablemente arrastramos en el punto de partida. Los
problemas organizativos no son simples y neutros problemas "técnicos".
Se remiten a profundos problemas políticos y en muchos casos constituyen un
foco decisivo del choque de valores Militancia
viene de "milites", soldado. No es casual que la ofensiva contra la
militancia desencadenada desde mediados los 80 haya tenido unos orígenes ideológicos
muy definidos. Puede constatarse que la línea de irreversible descomposición
de todas las corrientes históricas que nos han precedido, precipita a sus
restos a una u otra versión de la ideología central del mundo moderno: el
liberalismo. Este fenómeno no se registra únicamente en lo ideológico y político.
Incluye también una masiva incorporación de todos los tic liberales, e incluso
libertarios, en lo organizativo (indisciplina elevada al valor de principio
revolucionario, antiautoritarismo, fetichismo de la "autonomía",
localismo, federalismo, culto a las coordinadoras y a la unidad gregaria sin
principios, etcétera). Por todo ello, no es suficiente criticar ideológicamente
al liberalismo y contraponerle una alternativa programática. Hay además una
batalla indispensable contra el mismo, situada de la forma más abierta en la
imagen y la ejemplaridad, que afecta al campo de la organización, del
funcionamiento, de los métodos y del estilo de trabajo. El
primer rasgo esencial de nuestra concepción organizativa, que determina de
arriba abajo los Estatutos del Partido, es una visión "holista",
antiindividualista: arranca de una totalidad, el Partido, que es más que la
suma de sus miembros. Por ello, los Estatutos, a diferencia de las
Constituciones liberales, no comienzan por la enumeración de los deberes de los
militantes, sino por la descripción de los órganos del Partido, empezando por
los órganos de gobierno y terminando por los de base (Art. 4-10 de los vigentes
Estatutos). Es completamente imposible entender nuestro concepto de militante si no es en referencia al deber de participación estable en algunos de los mencionados órganos, al servicio de sus cometidos. Y es precisamente la observancia de esa obligación fundamental, junto con las demás que menciona el art. 12 de los Estatutos, lo que trae aparejados los derechos que determina el art. 13 de los mismos. Esta visión holista se refleja también en las dos caras de otro de nuestros principios, el democrático. Tal principio engloba, en el plano de la adopción de las decisiones, además de los cauces de elección y revocación de todos los puestos de responsabilidad, la plena libertad de discusión interna, el derecho de formular críticas por los canales orgánicos y el que cualquier propuesta política presentada por un miembro del Partido deberá ser aceptada para su estudio y, en su caso, aprobación por la Secretaría General (art. 15 de los Estatutos). Pero este principio integra "en el plano de la ejecución, el de la disciplina para la unidad de acción, mediante la subordinación de los miembros a los acuerdos de los órganos de base en que se inserten, de cada instancia territorial a la de ámbito superior, de todos los órganos a las directrices del Secretariado y de éste a las resoluciones de las Conferencias" (art. 16 de los Estatutos).
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