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En la reciente
concentración organizada por la jerarquía católica en defensa de la
familia cristiana, se oyó la voz de un obispo denunciar “el creciente
laicismo que anula la democracia”. Se trata de una denuncia a todas
luces ininteligible, dado que en España no existe ninguna democracia,
entre otras razones por la ausencia de laicidad del Estado.
Es
evidente que en España ya no padecemos un Estado confesional como lo
fuera el del nacional-catolicismo franquista. Pero tampoco disfrutamos de
un Estado laico que sea merecedor de este nombre. Se trata de híbrido de
liberalismo y mantenimiento de privilegios eclesiales en todos los planos:
simbólico, ausencia de sometimiento al derecho común, financiación,
enseñanza…Estos privilegios se suman a las reliquias que representan la
institución monárquica o los arcaicos foralismos de ciertas regiones. En
el marco de la monarquía juancarlista, la iglesia católica ocupa una
posición para-estatal. Ciertamente, no es la única en gozar de este
estatus. La realidad es que tenemos partidos políticos dinásticos,
burocracias sindicales dinásticas y funcionarios
eclesiales dinásticos, todos ellos viviendo a expensas de
los presupuestos generales del Estado.
En
este marco, sectores de la jerarquía eclesiástica, hoy dominantes, se
entregan a campañas victimistas con el fin de camuflar su envidiable
situación y de dar pábulo a las nostalgias nacional-católicas. Por
parte del gobierno, Zapatero da rienda suelta a la fraseología de los
masoncetes que pululan en las filas del PSOE –aunque sólo en ellas- y
tolera cierto anticlericalismo primario, con el fin de oscurecer que es su
gobierno quien más ha reforzado los privilegios eclesiales.
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Una
nota de EL PAIS, del 27.11.07. reproducida por el boletín LaExcepción,
ilustra la situación:
“El
Gobierno adelantará en 2008 a la Conferencia Episcopal 153 millones de
euros para financiar las 69 diócesis y 22.700 parroquias de la Iglesia
romana en España. Lo anunció ayer el vicesecretario de Asuntos Económicos
episcopales, Fernando Giménez Barriocanal. Es parte de una campaña en
la que los obispos publicitan el nuevo sistema de financiación pactado
con los socialistas. Este fin de semana el Gobierno comprobó en Roma
que los acuerdos económicos no suelen aplacar las críticas episcopales
en materia doctrinal.
La
campaña de los obispos se llama Xtantos (www.portantos.es) y es una
explicación de los mecanismos de los que se sirve el catolicismo español
para sostenerse. Supone, además, una exaltación del acuerdo sobre la
financiación estatal que reciben mediante la X que los contribuyentes
pueden poner en el impreso de su declaración (IRPF).
El
nuevo acuerdo incrementa en un 34% la asignación tributaria de las
personas que pongan esa X -hasta ahora el 0,52%; el 0,70% a partir de
este año-. Además, asume la renuncia de los prelados a autofinanciarse
algún día, logrando de este Gobierno lo que los anteriores -de UCD,
PSOE y PP- no quisieron concede a la Conferencia Episcopal.
También
tienen los obispos el compromiso de los socialistas de renunciar a
cambio alguno en los Acuerdos firmados en Roma en 1979. José Luis Rodríguez
Zapatero lo reiteró el domingo en un mitin en Fuenlabrada (Madrid).
Algunos de los asistentes le reclamaron a gritos: "Concordato,
revisar el Concordato", y el presidente replicó con una sonrisa:
"Dejemos temas tan complejos" (…)”.
Enero
de 2008
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