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Medio
millón de compatriotas se han manifestado en Madrid para exigir la
derrota de ETA, defender la dignidad de las víctimas del terrorismo y
denunciar la persecución de que es objeto el Sr. Alcaraz, presidente de
la AVT. Consideramos este aspecto altamente positivo. En cambio, no
mantenemos la misma opinión en relación con la línea política general
que ha impregnado ese acto. Una línea reiteradamente planteada por la AVT,
en consonancia con el PP.
Disfrutamos,
por lo visto, de un Estado democrático. Se considera así porque en él se puede
insultar a los españoles, prohibir su idioma común y marginarlos
socialmente, mientras todo esto se haga sin violencia.
Por desgracia, en ese Estado democrático existe hoy un gobierno que,
debido a su actitud “genuflexa” y a su voluntad de
“rendición”, ha permitido la presencia de unos asesinos en las
instituciones y, además, negocia con ellos.
Los
etarras son condenables sólo
porque son asesinos y no porque, además, sean separatistas,
que odian a nuestra Nación y quieren destruirla.
Para
poner fin a esta anomalía anti-democrática dentro de nuestro “Estado
de Derecho”, hay que recuperar el Pacto de las Libertades y contra el
Terrorismo. Entonces podremos ilegalizar al PCTV y a la ANV por
constituir un entorno de los asesinos. Nada tienen que temer, en
cambio, los separatistas pacíficos. Los separatistas moderados -que
siempre han recogido las nueces del árbol que movían los
terroristas-, son corrientes ferozmente anti-españolas, pero se
puede negociar y pactar con ellas. Como hizo el PP y como lo intentará de
nuevo si gana las elecciones, pues la mayoría absoluta está fuera de su
alcance.
A tenor de lo visto en la citada manifestación, parece que los españoles
no tenemos problemas de libertad en Cataluña y en Galicia, donde campan a
sus anchas la policía lingüística y la exclusión. Sólo los
tenemos en el País Vasco.
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Y en esta región, la libertad vendrá con la
derrota de los asesinos. Una derrota tras la cual tendremos que ser
generosos, como lo fueron Suárez y Aznar con sus amnistías y
excarcelaciones. El propio Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo
se refiere a las medidas de reinserción y socialización de quienes
repudien la violencia.
Esa
línea traduce una obsequiosa condescendencia ante el separatismo
"democrático", exigida por los mezquinos cálculos de Rajoy. Y
promueve la más terrible confusión entre los españoles. El Pacto por
las Libertades y contra el Terrorismo fue
propuesto por Zapatero para entretener al PP, mientras comenzaba
sus conciliábulos con ETA.
Esa
línea impide a los españoles identificar la naturaleza del vigente
régimen. Esté régimen está basado en el contubernio entre la Corona,
el PSOE y los separatistas, jugando la derecha un mero papel de
comparsa. Se recurre a ella cuando no hay más remedio y se la echa a
patadas si pretende quedarse más tiempo del preciso. Hoy, su función
se reduce a tratar de anular las tendencias hacia la ruptura
democrática de los sectores con sentimiento español acendrado, a
cambio de mantener prebendas en el régimen.
La
reformulación del marco constitucional del 78 que han supuesto los
nuevos estatutos "nacionales", la incorporación de ETA
al juego político y el plan Ibarreche II, forma parte de la dinámica
ineluctable del régimen.
Prevista desde hace mucho tiempo, se ha disparado desde el 11-M.
Zapatero es un mero gerente de la misma y ETA, uno de sus instrumentos.
Esa dinámica apunta al desguace confederal de España entre diversas
"naciones" o "Estados asociados", manteniendo al
Borbón como referente simbólico de la "unidad". Y en modo
alguno puede detenerse desde dentro del
régimen que la ha incubado y la impulsa, burlándose de sus propias
leyes tantas veces lo precisa.
El Sr. Alcaraz debería aclarar si la “rebelión cívica”
que preconiza es sólo contra Zapatero, para que Rajoy ocupe su lugar, o
es contra el régimen antinacional, antidemocrático y antisocial que
padecemos.
Noviembre de 2007
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